Sentir arrepentimiento es una experiencia común que puede aparecer al revisar una decisión tomada, una oportunidad que no se aprovechó, una relación que se dañó o una etapa de la vida que pudo haber seguido otro camino. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Emotion, de la American Psychological Association, sugiere que la forma en que vivimos esos arrepentimientos puede cambiar con la edad.

La investigación, realizada por Julia Nolte, Justine L. Lewis y Corinna E. Löckenhoff, analizó a 90 adultos de Estados Unidos, de entre 21 y 89 años, para comparar cómo respondían frente a arrepentimientos recientes y de largo plazo. El estudio pidió a los participantes identificar sus principales arrepentimientos del último año y también aquellos más importantes de su vida, evaluando su intensidad emocional, el tipo de decisión involucrada y las estrategias usadas para regular ese malestar.
Según los resultados difundidos, los adultos mayores reportaron menos arrepentimientos recientes que las personas más jóvenes. Además, aunque ambos grupos informaron una cantidad similar de arrepentimientos de largo plazo, los mayores experimentaron menos rabia y frustración al pensar en errores, decisiones difíciles u oportunidades perdidas.
El arrepentimiento también cambia con el tiempo
Cabe destacar que el estudio distingue entre dos tipos de arrepentimiento. Por una parte, están los recientes, originados durante el último año. Por otra, están los de largo plazo, que pueden remontarse a décadas atrás. Esta diferencia es importante porque no todo se explica por la edad, ya que también influye cuánto tiempo ha pasado desde que ocurrió la situación que genera la emoción.
En los arrepentimientos recientes, las personas mayores tendieron a reportar menos emociones “calientes”, como enojo, irritación o vergüenza. También fueron menos propensas a señalar arrepentimientos interpersonales recientes. En cambio, los arrepentimientos de largo plazo aparecieron como más antiguos, menos controlables y más ligados a omisiones, es decir, a cosas que no se hicieron, más que a acciones concretas que resultaron mal.
Esto evidencia que con los años, muchas personas pueden seguir recordando una decisión dolorosa, pero la carga emocional asociada puede volverse menos intensa. No necesariamente porque el hecho deje de importar, sino porque cambia la perspectiva desde la cual se mira.
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Lo que más pesa suele ser lo que no se hizo
Uno de los hallazgos relevantes es la diferencia entre arrepentirse por una acción y arrepentirse por una omisión. Un arrepentimiento por acción puede ser, por ejemplo, haber elegido mal un trabajo o haber dicho algo dañino. En cambio, un arrepentimiento por omisión puede estar relacionado con no haber estudiado una carrera, no haber pedido perdón, no haber tomado una oportunidad o no haber cuidado suficientemente una relación.
La investigación muestra que, con la edad, los arrepentimientos tienden a estar más asociados a omisiones. Esto puede explicarse porque aquello que no se hizo suele permanecer abierto en la memoria como una posibilidad imaginada. Asimismo, a medida que pasa el tiempo, algunas alternativas se vuelven más difíciles de reparar, lo que puede reducir la sensación de control.
Sin embargo, el estudio también encontró que las personas mayores no necesariamente viven esos recuerdos con mayor intensidad emocional. De hecho, tienden a experimentar menos emociones de enojo o frustración frente a ellos, lo que sugiere una cierta adaptación psicológica con el paso de los años.
Más perspectiva, menos castigo emocional
Desde la salud mental, este hallazgo es relevante porque permite mirar el arrepentimiento no solo como una emoción negativa, sino también como una señal psicológica. El arrepentimiento puede ayudar a aprender, tomar mejores decisiones y reparar vínculos cuando todavía es posible. El problema aparece cuando se transforma en rumiación permanente, culpa excesiva o autocrítica destructiva.
La edad podría aportar una forma distinta de procesar esos recuerdos, ya que en algunos casos, las personas mayores tienen más experiencia para relativizar errores y distinguir entre lo que aún puede cambiarse y lo que ya forma parte de la historia personal. Además, el estudio observó que la salud mental, las capacidades cognitivas y la percepción de control influyen en la manera en que se experimentan y regulan los arrepentimientos.
Esto no significa que envejecer resuelva automáticamente el malestar emocional, ni tampoco implica que todos los adultos mayores vivan sus arrepentimientos con serenidad. La propia investigación advierte que su muestra fue pequeña y poco diversa, por lo que sus resultados no deben generalizarse sin cautela.
Qué hacer cuando el arrepentimiento se vuelve una carga
Sentir arrepentimiento no es, por sí mismo, un problema de salud mental y, de hecho, puede ser una emoción normal y útil. No obstante, conviene pedir ayuda profesional cuando los pensamientos sobre el pasado se vuelven persistentes, afectan el sueño, generan angustia intensa, bloquean decisiones actuales o se asocian a síntomas de depresión o ansiedad.
También puede ser útil preguntarse si el arrepentimiento invita a una acción posible. A veces permite reparar una relación, pedir disculpas, retomar un proyecto o tomar una decisión pendiente. En otros casos, cuando ya no hay margen de cambio, el trabajo emocional consiste en elaborar lo ocurrido, reducir la culpa y construir una relación menos castigadora con la propia historia.
Este artículo se basó en el siguiente articulo y estudio:
Nolte, J., Lewis, J. L., & Löckenhoff, C. E. Adult Age Differences in the Response to and Regulation of Recent Versus Long-Term Regrets. Emotion, 2026.
La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.







