
Los niños, niñas y adolescentes están creciendo en un entorno donde la inteligencia artificial ya no solo responde preguntas, sino que también conversa, aconseja, acompaña y simula vínculos. Esa diferencia es clave, ya que un chatbot usado para buscar información escolar no plantea los mismos desafíos que una aplicación diseñada para actuar como amigo/a, confidente, personaje romántico o apoyo emocional permanente.
Un artículo publicado en JAMA Pediatrics propone mirar este fenómeno como un nuevo riesgo pediátrico y familiar. En esta línea, sus autores -de las universidades de Michigan, de New York y de Washington- llaman “IA social” a las herramientas que usan modelos de lenguaje y una interfaz antropomorfizada, es decir, diseñada para imitar conductas humanas, desde respuestas afectuosas hasta mensajes que parecen comprensión emocional. El problema, advierten, es que muchos de estos sistemas están disponibles para menores con controles de edad débiles o inexistentes.
La preocupación no es que la IA exista ni que los adolescentes la usen. El punto delicado es que cuando una tecnología responde siempre, valida casi todo, parece escuchar sin cansarse y puede adaptarse a las emociones del usuario, algunos adolescentes pueden empezar a confiar demasiado, compartir información sensible o reemplazar conversaciones difíciles con personas reales.
Qué riesgos identifican los especialistas
El marco propuesto por JAMA Pediatrics resume los principales riesgos en cinco áreas: privacidad de datos, exceso de confianza, interacciones sexuales, apego emocional y uso compulsivo. En niños y adolescentes, estos riesgos son más relevantes porque el desarrollo emocional, la identidad, el juicio crítico y las habilidades sociales todavía están en formación.
La privacidad es uno de los puntos centrales sostienen los autores del artículo, citando varios estudios al respecto. Ello, dado que muchos adolescentes hacen preguntas íntimas o revelan información que no compartirían con un adulto por miedo a ser juzgados. Esa información puede incluir inseguridades, conflictos familiares, sexualidad, salud mental o datos personales. Por lo tanto, si las plataformas no tienen límites claros de recolección, uso y protección, esa información puede quedar expuesta a riesgos comerciales, filtraciones o usos que el adolescente no entiende plenamente.
También preocupa el exceso de confianza, ya que hay estudios donde niños pequeños atribuyen a asistentes digitales capacidades humanas, como pensar, guardar secretos o hacer compañía cuando se sienten solos. En adolescentes, esa confianza puede traducirse en seguir consejos de una herramienta que no comprende realmente el contexto, no tiene responsabilidad clínica y puede equivocarse con apariencia de seguridad.
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El dato que debe preocupar a las familias
Un informe de Common Sense Media, basado en una encuesta nacional a 1.060 adolescentes de 13 a 17 años en Estados Unidos, estimó que el 72% había usado acompañantes de IA al menos una vez y que el 52% los utilizaba regularmente, es decir, algunas veces al mes o más. Además, un 33% declaró usarlos para interacción social o relaciones, incluyendo conversación, apoyo emocional, práctica social, amistad o interacciones románticas.
El mismo reporte muestra un dato especialmente sensible, ya que un tercio de quienes usan acompañantes de IA había elegido hablar con ellos en vez de una persona real sobre asuntos importantes o serios. Asimismo, un 24% había compartido información personal o privada, como nombre, ubicación o secretos.
Estos datos no deben leerse como prueba de que todo uso sea dañino, ya que de hecho, el informe también muestra que muchos adolescentes siguen prefiriendo los vínculos humanos y usan estas herramientas por curiosidad o entretención. Sin embargo, incluso una proporción menor de uso problemático puede ser relevante cuando hablamos de millones de adolescentes expuestos a tecnologías diseñadas para retener atención.
Cuando la IA responde mal en momentos vulnerables
Una investigación revisada por Associated Press, publicada en agosto de 2025, describió interacciones preocupantes entre ChatGPT y perfiles simulados de adolescentes vulnerables. Según la agencia, en algunas pruebas el sistema entregó respuestas peligrosas frente a solicitudes relacionadas con consumo de sustancias, trastornos alimentarios o autolesiones, aunque también incluyó advertencias y referencias de ayuda en otros momentos. Al respecto, OpenAI señaló entonces que estaba trabajando para mejorar la detección y respuesta ante situaciones sensibles.
No se trata de afirmar que todo chatbot empuja a conductas de riesgo, sino que debemos tener siempre presente que los sistemas pueden fallar justo cuando el usuario necesita contención humana, límites claros y derivación profesional. En este sentido, para un adolescente angustiado, una respuesta insegura puede tener un impacto muy distinto al que tendría en un adulto con mayor criterio y capacidad de distancia crítica.
Qué dice la evidencia sobre dependencia y aislamiento
Un estudio longitudinal realizado por investigadores del MIT Media Lab y OpenAI analizó durante cuatro semanas el uso de chatbots en 981 adultos, con más de 300 mil mensajes. Aunque no estudió adolescentes, aporta una señal relevante porque un mayor tiempo diario de uso se asoció con más soledad, mayor dependencia emocional hacia la IA, uso problemático y menor socialización con personas reales.
Los autores también observaron que el diseño de la interacción importa porque las conversaciones personales, la voz, la sensación de empatía y la percepción del chatbot como “amigo” pueden modificar los efectos psicosociales. En términos simples, el riesgo no depende solo de cuánto se usa la IA, sino de para qué se usa, cómo responde el sistema y qué tan vulnerable está la persona que interactúa con él.
Señales de alerta en niños y adolescentes
Considerando las implicaciones de los hallazgos y los llamados de especialistas, las familias debieran observar con atención si un adolescente comienza a preferir conversar con una IA antes que hablar con amigos, padres, profesores o profesionales. También conviene estar atentos a cambios en el sueño, aislamiento, irritabilidad cuando no puede usar la aplicación, caída del rendimiento escolar, secreto excesivo sobre las conversaciones o dependencia para tomar decisiones cotidianas.
Después de detectar estas señales, la respuesta no debiera ser solo prohibir. En muchos casos, una prohibición abrupta puede aumentar el ocultamiento. Es más útil abrir una conversación directa, sin burla ni castigo, preguntando qué aplicación usa, qué busca en ella, qué siente después de usarla y si alguna vez recibió una respuesta que lo incomodó.
La recomendación práctica es establecer límites claros y conversados. La IA no debe ser tratada como terapeuta, mejor amigo ni consejero permanente. Puede usarse para estudiar, practicar una presentación, ordenar ideas o resolver dudas generales, pero los problemas emocionales importantes deben conversarse con adultos de confianza o profesionales.
También es recomendable revisar las aplicaciones instaladas, activar controles parentales cuando corresponda, conversar sobre privacidad y explicar que una IA no “guarda secretos” como una persona cercana. Todo lo que se escribe puede quedar registrado, procesado o usado según las políticas de cada plataforma.
Asimismo, en adolescentes con ansiedad, depresión, aislamiento, trastornos alimentarios, autolesiones o ideación suicida, el uso de chatbots como apoyo emocional debe mirarse con especial cautela. Si existe riesgo inmediato o crisis de salud mental asociada al suicidio, en Chile está disponible la línea *4141 No estás solo, no estás sola, gratuita y operativa las 24 horas desde celulares, atendida por profesionales capacitados.
Este artículo se basó en las siguientes fuentes de información:
JAMA Pediatrics. Risks and Consequences of Children’s Use of Social AI—A Framework.
Common Sense Media. Talk, Trust, and Trade-Offs: How and Why Teens Use AI Companions.
Associated Press. New study sheds light on ChatGPT’s alarming interactions with teens.
MIT Media Lab y OpenAI. How AI and Human Behaviors Shape Psychosocial Effects of Chatbot Use.
Ministerio de Salud de Chile. Línea *4141 No estás solo, no estás sola.
La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.








