Crecer con pocos elogios puede dejar huellas en la autoestima adulta

Niño acompañado por un adulto cuidador en una escena familiar tranquila que representa reconocimiento emocional en la infancia
El reconocimiento sincero y específico puede ayudar a niños y niñas a construir confianza y autoestima.

Hay personas adultas a las que les cuesta recibir un reconocimiento sin incomodarse. Pueden hacer bien su trabajo, sostener vínculos importantes, resolver problemas complejos o cuidar de otros, pero aun así sienten que “no es para tanto”. En algunos casos, esa dificultad para registrar y reconocer los propios logros puede tener raíces tempranas.

Durante la infancia, niños y niñas no solo aprenden a caminar, hablar, leer o relacionarse con otros, también empiezan a construir una idea sobre si son capaces, si sus esfuerzos importan, si sus emociones son escuchadas y si lo que hacen bien es visto por los adultos significativos. Esto se condice con el enfoque de Cuidado Afectuoso promovido por ONU.

Por eso, cuando el reconocimiento falta de manera sostenida, puede aparecer una huella silenciosa, no necesariamente como un trauma evidente, sino como una forma de mirar la propia vida con excesiva autocrítica, inseguridad o dependencia de la aprobación externa.

El reconocimiento ayuda a construir una voz interna

Los elogios no son solo frases amables porque cuando son sinceros, específicos y proporcionales, pueden ayudar a que niños y niñas identifiquen qué hicieron bien, qué esfuerzo realizaron y qué capacidades están desarrollando.

Un estudio longitudinal publicado en Journal of Personality and Social Psychology analizó el desarrollo de la autoestima desde la infancia tardía hasta la adolescencia y observó que el ambiente familiar cumple un papel relevante en esa trayectoria. La investigación no plantea que exista una única causa para la autoestima, pero sí muestra que las relaciones familiares, el apoyo y el contexto emocional influyen en cómo niños y adolescentes se perciben a sí mismos.

En la vida cotidiana, esto puede verse en situaciones simples, como por ejemplo, un niño que recibe reconocimiento cuando intenta resolver una tarea difícil aprende algo más que matemáticas o ciencias. También puede aprender que su esfuerzo tiene valor, que equivocarse forma parte del proceso y que un resultado imperfecto no lo convierte en alguien incapaz.

La falta de elogios puede confundirse con exigencia

Muchas familias no dejan de elogiar por falta de cariño sino que a veces lo hacen porque fueron criadas de esa manera, porque temen que el niño(a) se vuelva arrogante, porque creen que reconocer demasiado debilita el carácter o porque están sobrepasadas por el trabajo, el cansancio, los problemas económicos o las responsabilidades de cuidado.

Sin embargo, cuando la infancia se desarrolla en un ambiente donde se corrige mucho y se reconoce poco, algunos niños pueden aprender a mirar sus avances con desconfianza. Esto sin duda impacta el desarrollo cerebral, ya que la atención adulta aparece principalmente cuando hay errores, dificultades o conductas que deben corregirse.

Con el tiempo, eso puede traducirse en una necesidad intensa de aprobación, temor a equivocarse, dificultad para disfrutar los logros, tendencia a compararse o sensación de que siempre falta algo para ser suficiente. Estas huellas no aparecen igual en todas las personas, porque también influyen el temperamento, la escuela, los pares, otros adultos significativos y las experiencias posteriores.



No todos los elogios ayudan de la misma manera

El punto no es llenar a niños y niñas de halagos vacíos porque la evidencia sobre elogios infantiles muestra una diferencia importante entre elogiar rasgos fijos y reconocer procesos.

Investigaciones sobre el tema señalan que el elogio centrado en el proceso, como por ejemplo, reconocer el esfuerzo, la creatividad, iniciativa o la perseverancia, puede favorecer una mirada más flexible del aprendizaje. En cambio, elogios centrados solo en la persona, como “eres brillante” o “eres el mejor”, pueden generar más presión ante el error en algunos niños.

Otros estudios han identificado que el elogio centrado en rasgos personales puede aumentar la vergüenza frente al fracaso, especialmente en niños(as) con baja autoestima. Por eso, organismos especializados como UNICEF recomiendan que el reconocimiento sea concreto, descriptivo y vinculado a conductas observables. Child Mind Institute (ONG Global enfocada en salud mental infantil), por ejemplo, destaca que el reocnocimiento funciona mejor cuando el adulto describe qué está valorando, en lugar de usar solo frases generales como “muy bien”.

En vez de decir siempre “eres inteligente”, puede ser más útil decir “vi que lo seguiste intentando aunque te costó”, “me gustó cómo pediste ayuda” o “noté que ordenaste tus ideas antes de responder”. Ese tipo de frase ayuda a que el niño(a) entienda qué hizo bien y pueda reconocerlo en sí mismo.

El reconocimiento funciona mejor cuando el adulto describe qué está valorando, en lugar de usar solo frases generales como “muy bien”.

Child Mind Institute

Reconocer no significa eliminar límites

Elogiar no implica dejar de poner normas, evitar frustraciones o celebrar todo lo que el niño(a) hace. La crianza también requiere límites, acompañamiento, corrección y enseñanza, pero la diferencia está en que el reconocimiento permite que la relación no se construya solo desde el error.

Los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, USA), en sus orientaciones de crianza positiva, recomiendan entregar atención y elogios cuando niños pequeños siguen instrucciones o muestran conductas positivas, junto con enseñar formas aceptables de expresar el malestar. En una línea similar, la OMS plantea que el desarrollo infantil temprano se favorece con cuidado sensible, seguridad, oportunidades de aprendizaje y apoyo a quienes cuidan.

Desde esta perspectiva, el elogio cumple una función más amplia que “premiar”, ya que puede ser una forma de presencia adulta con acciones como mirar, nombrar, validar y acompañar.

Cómo entregar reconocimiento de forma saludable

Una buena manera de empezar es valorar más los esfuerzos cotidianos y no solo el siete en la prueba, el gol, el dibujo terminado o la conducta perfecta, sino también el intento, la recuperación después de frustrarse, la colaboración, la curiosidad, la paciencia, la honestidad o la capacidad de pedir ayuda.

También conviene que el elogio sea sincero ya que los niños suelen notar cuando una frase suena exagerada o automática. Un reconocimiento breve, concreto y oportuno puede tener más efecto que un halago grandilocuente.

Otra clave es cuidar que el cariño no dependa del rendimiento académico o deportivo dado que un niño(a) necesita saber que puede ser querido incluso cuando se equivoca, se frustra, pierde, llora o necesita apoyo. En esta línea, el reconocimiento ayuda más cuando convive con una base de seguridad afectiva.

Los niños y niñas necesitan saber que pueden ser queridos incluso cuando se equivocan, se frustran, pierden, lloran o necesitan apoyo

Cuándo pedir apoyo

Si un niño, niña o adolescente muestra una autocrítica muy intensa, miedo persistente a equivocarse, rechazo constante a intentar cosas nuevas, ansiedad frente al rendimiento, retraimiento, irritabilidad frecuente o dificultad para aceptar cualquier reconocimiento, puede ser recomendable consultar con un profesional de salud mental infantil.

En personas adultas, la dificultad para reconocer logros, la dependencia excesiva de validación externa o la sensación persistente de insuficiencia también pueden trabajarse en psicoterapia.

Reconocer a tiempo lo que un niño(a) hace bien es ayudarle a construir una voz interna más justa, capaz de ver errores, pero también avances, capacidades y esfuerzos reales.

En este artículo se han utilizado las siguientes fuentes de información:

La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta, diagnóstico o tratamiento indicado por un profesional de la salud.

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