Audífonos para pérdida auditiva: ¿qué tipos existen y cuándo conviene consultar?

Profesional de salud auditiva ajustando un audífono detrás de la oreja de una persona adulta
La elección de un audífono depende del tipo y grado de pérdida auditiva, además de las necesidades de cada persona.

La pérdida auditiva puede avanzar de manera lenta y muchas personas tardan años en buscar ayuda. Primero aparece la dificultad para seguir conversaciones en lugares con ruido, luego la necesidad de subir el volumen de la televisión, pedir que repitan frases o desconectarse de reuniones porque escuchar exige demasiado esfuerzo.

Los audífonos pueden ayudar a mejorar la comunicación y la participación social, pero no todos funcionan igual ni sirven para cualquier tipo de pérdida auditiva. Estos dispositivos amplifican sonidos y pueden facilitar una audición más clara, aunque no restauran la audición natural.

El punto clave es elegir el dispositivo adecuado según el grado de pérdida auditiva, la edad, las necesidades de comunicación, la comodidad con la tecnología, el presupuesto y la evaluación de un profesional cuando corresponde.

Qué es un audífono y cómo funciona

Un audífono es un dispositivo médico pequeño, usado dentro o alrededor del oído, que capta sonidos mediante un micrófono, los procesa, los amplifica y los envía hacia el canal auditivo a través de un pequeño parlante. La FDA describe que la mayoría de los audífonos comparten componentes básicos: micrófono, circuito amplificador, receptor o parlante, y baterías.

En la actualidad, la mayoría de los modelos son digitales. Eso permite procesar mejor los sonidos, ajustar la amplificación según el patrón de pérdida auditiva y, en algunos casos, conectarse con teléfonos inteligentes para modificar volumen, reducir ruido de fondo o transmitir llamadas, música y otros audios.

Sin embargo, los audífonos tienen límites. El Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación de Estados Unidos (NIDCD) advierte que si el oído interno está muy dañado, una mayor amplificación puede no transformarse en señales nerviosas útiles; en esos casos, el audífono puede no ayudar lo suficiente.

Audífonos retroauriculares o BTE

Los audífonos retroauriculares, conocidos como BTE por sus siglas en inglés, se colocan detrás de la oreja y se conectan a un molde o pieza que dirige el sonido hacia el oído. El NIDCD indica que pueden utilizarse en personas de distintas edades y en pérdidas auditivas que van desde leves hasta profundas.

La FDA agrega que este estilo suele ser resistente, relativamente fácil de limpiar y manipular, y por eso también se usa con frecuencia en niños, ya que permite adaptar moldes a medida que crecen.

Son una opción especialmente relevante cuando se necesita mayor potencia de amplificación o cuando la persona prefiere un dispositivo más fácil de manejar que los modelos muy pequeños.

Audífonos RIC o RTE

Los modelos RIC o RTE, también conocidos como receptor en el canal o receptor en el oído, son una variante muy frecuente. Se colocan detrás de la oreja, pero el receptor queda en el canal auditivo, conectado por un cable fino.

Harvard los describe como uno de los estilos más comunes y flexibles, porque ofrecen distintas opciones de amplificación y funciones para diferentes grados de pérdida auditiva.

También pueden resultar más cómodos y menos visibles que algunos modelos tradicionales. La FDA señala que los modelos mini BTE o RIC pueden reducir la sensación de oído tapado, mejorar comodidad, disminuir retroalimentación y responder a preocupaciones estéticas de muchos usuarios.

Audífonos intrauriculares o ITE

Los audífonos ITE se colocan dentro del oído externo. Son más visibles que los modelos intracanales, pero también suelen ser más fáciles de poner, sacar y ajustar. Según Harvard, pueden incorporar más funciones y ser adecuados para pérdidas auditivas moderadas a severas.

La FDA describe que estos modelos contienen todos los componentes dentro de una carcasa que ocupa la parte externa del oído. Por su tamaño, pueden ser más simples de manipular que los dispositivos más pequeños.

Pueden ser una alternativa para personas que necesitan más prestaciones, pero no quieren un equipo detrás de la oreja.

Audífonos intracanales y completamente intracanales

Los audífonos ITC se colocan parcialmente dentro del canal auditivo, mientras que los CIC se ubican casi completamente dentro del canal. Son más discretos y, en algunos casos, prácticamente pasan inadvertidos.

Harvard señala que suelen usarse en pérdidas auditivas leves a moderadas. La FDA advierte que, por su tamaño reducido, pueden ser más difíciles de manipular y ajustar. Esa desventaja no es menor, ya que si una persona tiene problemas de motricidad fina, temblor, baja visión o dificultad para manejar piezas pequeñas, un audífono muy discreto puede ser menos práctico que uno algo más visible, pero más fácil de usar.

Audífonos recetados y audífonos de venta libre

Una diferencia importante está en cómo se accede al dispositivo. Los audífonos recetados se indican y ajustan con apoyo de un profesional de salud auditiva, quien realiza una evaluación, adapta el equipo y lo programa según el grado y tipo de pérdida auditiva. Harvard indica que estos dispositivos pueden ser una mejor opción en pérdidas auditivas más severas, porque suelen tener mayor potencia y ajuste personalizado.

En Estados Unidos existe además la categoría de audífonos de venta libre, conocidos como OTC. La FDA los autorizó para adultos de 18 años o más con pérdida auditiva percibida de leve a moderada, y pueden comprarse en tiendas u online sin examen médico, receta ni ajuste obligatorio por audiólogo.

Pero esto no significa que sirvan para todos. La FDA recalca que los audífonos OTC no están destinados a tratar pérdidas auditivas severas o profundas, y que si la persona sospecha una pérdida mayor debería consultar con un profesional.



No confundir con amplificadores personales

Un error frecuente es confundir audífonos médicos con amplificadores personales de sonido, conocidos como PSAPs. Harvard explica que los PSAPs no son dispositivos médicos para tratar pérdida auditiva; están pensados para personas con audición normal que quieren amplificar sonidos en situaciones recreativas, como observar aves.

La diferencia importa porque un amplificador puede aumentar sonidos, pero no necesariamente procesa el habla, reduce ruido o se adapta a una pérdida auditiva específica. Usarlo como reemplazo de un audífono puede retrasar la evaluación adecuada.

AirPods y otros auriculares con funciones auditivas

El avance tecnológico también ha mezclado categorías. En este sentido, Harvard señala que los Apple AirPods Pro 2 y Pro 3 cuentan con funciones que pueden actuar como audífonos de venta libre en ciertos casos, aunque siguen siendo visibles y no reemplazan una evaluación profesional cuando hay dudas.

La FDA autorizó en 2024 el primer software de audífono de venta libre destinado a usarse con versiones compatibles de AirPods Pro. Esa autorización se refiere a adultos con pérdida auditiva leve a moderada y se inserta en el marco regulatorio estadounidense de audífonos OTC.

Cuándo conviene consultar antes de comprar

Se recomienda consultar a un médico, idealmente otorrinolaringólogo, si existe dolor de oído, secreción, sangre, mucha cera, vértigo, cambio súbito de audición en los últimos seis meses, pérdida auditiva que fluctúa, peor audición en un solo oído o zumbido unilateral.

También conviene buscar evaluación si la persona no escucha bien conversaciones incluso en una habitación silenciosa, si no percibe sonidos fuertes o si el dispositivo de venta libre no entrega suficiente beneficio.

En niños y adolescentes, la situación es distinta, dado que las personas menores de 18 años requieren audífonos por prescripción y deberían ser evaluadas por un médico, preferentemente otorrinolaringólogo, porque su condición necesita atención especializada.

Qué considerar antes de elegir

Harvard plantea que la decisión depende de varios factores: nivel de pérdida auditiva, presupuesto, comodidad con la tecnología y necesidad de acompañamiento profesional. Los audífonos OTC pueden ser más accesibles, pero exigen que la persona los configure por su cuenta; los recetados suelen incluir evaluación, adaptación, programación y seguimiento.

El costo también puede variar mucho. Harvard señala que los audífonos pueden ir desde cientos de dólares por par hasta US$7.000 o más (500 mil a 5 millones de pesos chilenos Aprox.), especialmente cuando se incluyen servicios profesionales, tecnología avanzada y controles posteriores.

Más allá del precio, hay preguntas prácticas que conviene hacerse: si el equipo será fácil de cargar o cambiar baterías, si puede conectarse al teléfono, si reduce ruido de fondo, si permite escuchar mejor en reuniones, si resulta cómodo durante varias horas y si existe opción de devolución o ajuste.

La situación en Chile y el GES

En Chile, las personas de 65 años y más con hipoacusia bilateral que requieren uso de audífono cuentan con cobertura GES cuando cumplen los criterios establecidos. La Superintendencia de Salud informa que pueden acceder personas desde esa edad con problemas auditivos en ambos oídos y requerimiento de audífono según indicación médica.

Según la misma orientación oficial, el tratamiento debe entregarse dentro de 45 días desde la confirmación diagnóstica o indicación de recambio de audífono, y la rehabilitación debe comenzar dentro de 30 días desde la entrega del dispositivo.

Esto es importante porque el audífono no termina en la compra o entrega. Adaptarse requiere seguimiento, educación, ajustes y rehabilitación auditiva. La persona debe aprender a usarlo, limpiarlo, cargarlo, tolerarlo y aprovecharlo en situaciones reales.

Adaptarse toma tiempo

Un aspecto relevante a tener en cuenta es que acostumbrarse a un audífono requiere tiempo y práctica. La persona debe usarlo regularmente, conocer sus funciones, aprender a ponerlo y sacarlo, ajustar programas y probarlo en distintos ambientes de escucha.

Es común que al principio algunos sonidos parezcan extraños, que la propia voz se sienta distinta o que ambientes ruidosos resulten cansadores. Eso no siempre significa que el audífono “no sirve”; muchas veces requiere ajustes y entrenamiento.

Si después de un período razonable el dispositivo no ayuda lo suficiente, genera incomodidad persistente o no permite funcionar mejor en la vida diaria, corresponde consultar con un profesional de salud auditiva.

Escuchar mejor también es salud

La pérdida auditiva no es solo un problema de volumen. Puede afectar la comunicación, la vida familiar, la participación social, el ánimo, la seguridad y la autonomía. En este sentido, el uso de audífonos puede mejorar participación social y calidad de vida, y podría reducir la frecuencia o severidad de problemas como deterioro cognitivo o depresión en adultos.

Por eso, consultar por pérdida auditiva no debería verse como una señal de envejecimiento inevitable ni como un trámite menor. Escuchar mejor permite participar mejor.

La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta, diagnóstico o tratamiento indicado por un profesional de la salud.

Este artículo se elaboró en base a información de:

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