Dra. María Belén Arroyo, psiquiatra: “Cuando el malestar empieza a afectar la vida cotidiana, es momento de consultar”

Retrato de la Dra. María Belén Arroyo, psiquiatra de adultos entrevistada por Salud al Día
Dra. María Belén Arroyo, psiquiatra de adultos, en el marco dd el Día Mundial de la Salud Mental.

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora este 10 de octubre, Salud al Día conversó con la experimentada psiquiatra de adultos, Dra. María Belén Arroyo, sobre las señales que indican cuándo un malestar emocional requiere atención profesional, los problemas que observa con mayor frecuencia en consulta y las barreras que todavía dificultan el acceso al tratamiento.

Depresión y ansiedad forman parte de las situaciones que la especialista observa habitualmente. También recibe casos de trastornos del sueño y de la conducta alimentaria, y consumo problemático de alcohol y drogas. A la vez, advierte sobre un fenómeno que, desde su experiencia clínica, ha ganado espacio durante los últimos años. Se trata de personas que mantienen numerosas conexiones virtuales, pero experimentan una creciente sensación de soledad.

Cabe destacar que el Día Mundial de la Salud Mental busca aumentar la conciencia sobre estos problemas y movilizar esfuerzos que permitan ampliar el acceso a atención. En este sentido, para 2026, la Organización Mundial de la Salud ha definido como eje “Experiencias vividas escuchadas: voces reales, cambio real”, destacando la importancia de incorporar a las personas que han vivido problemas de salud mental, en las decisiones sobre políticas y servicios.

¿Qué significa una buena salud mental?

Tener una buena salud mental implica contar con un estado de bienestar emocional que nos permita desenvolvernos en la vida cotidiana y enfrentar las distintas situaciones que se presentan. Esto no significa que una persona deba sentirse bien permanentemente. Ello, porque a lo largo de la vida enfrentamos pérdidas, conflictos, dificultades laborales, familiares o económicas y otros eventos que pueden producir períodos de malestar.

En los hechos, es completamente posible atravesar momentos difíciles y mantener una buena salud mental. Lo relevante es contar con recursos para afrontar esas situaciones y que, una vez superado el período crítico, la persona pueda recuperar su funcionamiento habitual.

¿Cuáles son los motivos de consulta más frecuentes entre adultos?

En la práctica clínica veo con mucha frecuencia cuadros depresivos y ansiosos. Adicionalmente, recibo casos de problemas de sueño, trastornos de la conducta alimentaria e ideación suicida. También ha ido adquiriendo cada vez mayor relevancia el consumo problemático de alcohol y otras drogas.

Un elemento llamativo es que también, durante los últimos años he observado una mayor sensación de soledad. Y esto se relaciona, muchas veecs, con que las redes sociales han modificado la manera en que nos relacionamos y cómo nos percibimos a nosotros mismos frente a los demás. En la actualidad, podemos estar muy conectados virtualmente y, al mismo tiempo, sentirnos profundamente solos.

Existe además una fuerte autoexigencia asociada al éxito, muchas veces medida por lo que tenemos o conseguimos en comparación con lo que vemos que otros muestran en redes sociales.

A ello se suman problemas muy concretos de la vida diaria tales como dificultades económicas, sobreendeudamiento, costo de la vivienda o simplemente la preocupación permanente por llegar a fin de mes. Todos estos factores pueden ejercer una presión importante sobre la salud mental.

¿Cuándo el cansancio, la ansiedad o la irritabilidad dejan de ser algo transitorio?

Una señal importante aparece cuando ese malestar comienza a producir un deterioro en la vida cotidiana. Esto puede manifestarse como dificultad para comenzar el día, angustia que impide funcionar normalmente, insomnio que afecta el rendimiento, cambios importantes en la alimentación o una sensación persistente de ánimo bajo.

También debe prestarse atención cuando la persona comienza a abandonar actividades que antes disfrutaba o siente que progresivamente “todo se vuelve gris”.

El punto clave es observar cuánto está interfiriendo ese malestar con el funcionamiento habitual de la persona.

¿Cómo distinguir una reacción normal frente a un problema de salud mental?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que la tristeza, el estrés y la ansiedad forman parte de la experiencia humana y pueden aparecer frente a circunstancias difíciles. Sin embargo, lo que debe llamar la atención es su intensidad, duración y, principalmente, cuánto afectan la capacidad de llevar adelante la vida cotidiana.

Se debe generar una alerta cuando la pena, la ansiedad o el estrés comienzan a impedir que una persona trabaje, estudie, se relacione, cuide de sí misma o realice sus actividades habituales. En esos casos, es recomendable consultar con un/a profesional de salud mental.

La evaluación profesional permite determinar qué está ocurriendo y si existe un cuadro que requiere tratamiento.

¿Qué ocurre cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo?

No cabe duda que los problemas laborales, familiares, económicos, la exposición digital permanente o la falta de descanso pueden convertirse en fuentes de estrés sostenido.

Cuando estas situaciones son intensas y permanecen durante períodos prolongados pueden favorecer un estado de estrés crónico y contribuir a la aparición de problemas como trastornos ansiosos, cuadros depresivos o alteraciones del sueño.

Por eso es importante observar no solamente qué está ocurriendo, sino también cuánto tiempo lleva ocurriendo y qué impacto está teniendo sobre la persona.

¿Qué relación existe entre sueño y salud mental?

Debemos tener en cuenta que el sueño cumple un papel fundamental en nuestro funcionamiento porque hay ciertas funciones vitales que dependen de este periodo de pausa que se da cuando dormimos. Un descanso adecuado contribuye a mantener un ánimo más estable, regular las emociones y conservar capacidades como atención y concentración.

En salud mental, además, la relación es bidireccional porque dormir mal puede contribuir a deteriorar el bienestar emocional, pero las alteraciones del sueño también pueden ser una manifestación de un problema de salud mental. Esto incluye dificultades persistentes para conciliar el sueño, despertarse repetidamente durante la noche o despertar demasiado temprano y no poder volver a dormir.

Y nuevamente volvemos al factor de la duración e impacto porque cuando estas alteraciones del sueño se mantienen y comienzan a afectar el funcionamiento cotidiano, conviene evaluarlas.

¿Sigue existiendo estigma frente a la atención psiquiátrica?

Creo que ha habido un avance importante en la conciencia sobre salud mental, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Hablar de psicoterapia o acudir al psiquiatra hoy forma parte de las conversaciones de las nuevas generaciones y se da con mayor naturalidad.

Sin embargo, entre personas de mayor edad todavía encontramos prejuicios y la idea de que los problemas de salud mental deberían resolverse solos o que acudir al psiquiatra significa tener una enfermedad mental grave.

Derribar ese estigma sigue siendo una tarea importante. Sin embargo, actualmente la barrera no es solamente cultural o de estigmatización. También existen dificultades importantes de acceso a la atención.

En el sistema público vemos pacientes que pueden esperar durante períodos prolongados para acceder a atención especializada y situaciones complejas, de personas con patologías mentales, en las que la disponibilidad de hospitalización psiquiátrica resulta insuficiente.

En el sistema privado hay mayor disponibilidad de atención, no obstante, aparece otro problema, el elevado costo de sostener un tratamiento que require consultas psiquiátricas, psicoterapia frecuente y medicamentos. Para algunas personas ese gasto termina haciendo difícil mantener el tratamiento en el tiempo.



¿Cómo se decide si una persona necesita psicoterapia, medicamentos o ambos?

Depende del diagnóstico, la gravedad del cuadro, los síntomas, los antecedentes y las características particulares de cada persona.

Hay condiciones en las que el tratamiento farmacológico tiene un papel fundamental y puede complementarse con psicoterapia. En otras, la psicoterapia puede tener una mayor intensidad y utilizarse junto con medicamentos, mientras que existen situaciones en las que una intervención psicoterapéutica puede ser suficiente.

Por eso el tratamiento debe definirse individualmente y de acuerdo con los cuadros particulares. La salud mental se sitúa en un plano donde no existen recetas transversales porque cada persona es un mundo.

Y a propósito de lo anterior, no puedo evitar referirme al riesgo de la la automedicación, que es especialmente problemática en salud mental. Ello, porque los medicamentos tienen indicaciones específicas y responden distinto según cada persona, además pueden producir efectos adversos y por ello, siempre requieren supervisión clínica. Algunos, además, pueden generar dependencia cuando se utilizan de manera inadecuada.

Por esta razón, no deberían iniciarse, suspenderse, modificarse ni utilizarse medicamentos indicados a otra persona sin evaluación profesional.

¿Qué podemos hacer para proteger nuestra salud mental?

Es un gran punto, la prevención y autocuidado. En este sentido debemos reocncoer que la promoción de la salud mental sigue estando poco visibilizada.

Parte de la prevención comienza con aspectos bastante básicos como mantener cierta regularidad en los horarios de sueño, cuidar la alimentación, realizar actividad física y reservar espacios personales para actividades que resulten significativas o placenteras.

También es importante cultivar vínculos interpersonales saludables y mantener alguna forma de pertenencia social. Puede ser un grupo deportivo, recreativo, comunitario, religioso, cultural o de voluntariado. Lo relevante es disponer de relaciones y espacios en los que exista conexión con otras personas.

Estos factores no eliminan la posibilidad de desarrollar un problema de salud mental, pero forman parte de una vida que favorece el bienestar y puede entregar herramientas para afrontar períodos difíciles.

¿Cuándo hay que buscar ayuda de manera urgente?

Debemos prestar especial atención cuando una persona deja de ser capaz de continuar con su vida cotidiana, presenta pensamientos suicidas, manifiesta intención de dañarse o de dañar a otras personas, o muestra cambios muy marcados en su pensamiento o conducta. En esas situaciones es importante buscar ayuda rápidamente y no dejar sola a la persona si existe un riesgo inmediato. A veces se minimizan las señales o se normalzian, lo cual puede ser un gran error.

Mi mensaje para este Día Mundial de la Salud Mental es que pedir ayuda importa. Hablar con alguien cercano sobre aquello que nos está haciendo sufrir puede ser un primer paso. Y cuando el apoyo de nuestro entorno no es suficiente para comenzar a sentirnos mejor, debemos acercarnos a un profesional.

No tenemos que enfrentar solos los períodos de sufrimiento emocional. Siempre puede existir una persona, un profesional o una red capaz de ayudarnos.

Es importante mencionar que en Chile, las personas que atraviesan una crisis asociada al suicidio pueden comunicarse gratuitamente desde un teléfono celular con la línea *4141 “No estás solo, no estás sola”, disponible las 24 horas del día y atendida por profesionales de psicología.

Finalmente, señalar que cuando existe riesgo inmediato para la vida o seguridad de una persona, corresponde acudir a un servicio de urgencia.

Sobre la entrevistada

Dra. María Belén Arroyo
Médica psiquiatra de adultos, titulada en la Universidad de Concepción, con la especiliadad de psiquiatría obtenida en la Universidad de Chile.
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La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta, diagnóstico o tratamiento indicado por un profesional de la salud.

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