Por qué la llegada de la primavera puede afectar el ánimo, el sueño y la estabilidad emocional

Persona disfrutando de un parque en primavera durante una jornada luminosa como representación del bienestar y los cambios emocionales estacionales
Los cambios de luz, sueño y rutinas asociados a la primavera pueden influir de manera diferente en la salud mental de cada persona.

El 21 de septiembre dejamos atrás oficialmente el invierno y recibimos la estación de las flores y el verde, la primavera. Esta estación suele asociarse con más luz, temperaturas más agradables y una mayor vida social al aire libre, sin embargo, para algunas personas el cambio de estación también puede coincidir con alteraciones del sueño, ansiedad, irritabilidad, cambios en el estado de ánimo o descompensaciones de trastornos preexistentes.

La relación entre primavera y salud mental es más compleja de lo que sugieren frases como “la primavera aumenta la depresión”. La mayoría de los casos de trastorno afectivo estacional aparecen durante otoño e invierno y tienden a mejorar en primavera. Aun así, existe una variante menos frecuente que comienza precisamente en primavera o verano.

Además, distintas investigaciones han observado una estacionalidad en otros fenómenos de salud mental, entre ellos episodios de manía, consultas de urgencia por autolesiones y muertes por suicidio. Una revisión sistemática encontró que algunas de estas manifestaciones tienden a aumentar durante primavera y verano, aunque los mecanismos no están completamente aclarados.

Más luz también significa cambios en el reloj biológico

Uno de los principales factores involucrados en los cambios estacionales es la variación en las horas de luz. Esto, ya que el organismo regula numerosos procesos mediante el ritmo circadiano, un sistema interno que ayuda a organizar el sueño, la vigilia, la producción hormonal, el apetito y otros ciclos fisiológicos.

Cuando cambian de manera relativamente rápida la duración del día y los horarios de exposición a la luz, algunas personas pueden experimentar alteraciones en esos ritmos.

La serotonina y la melatonina también participan en este proceso. Ambas intervienen en la regulación del ánimo y el sueño, y sus niveles pueden verse influidos por los cambios de luminosidad a lo largo del año.

Eso no significa que una mayor cantidad de luz solar provoque depresión. La respuesta depende de la susceptibilidad individual, los antecedentes de salud mental, los patrones de sueño y otros factores biológicos y sociales.

La depresión estacional puede aparecer en primavera

El trastorno afectivo estacional es un tipo de depresión que presenta un patrón relacionado con determinadas épocas del año. En la mayoría de las personas que lo desarrollan, los síntomas aparecen durante otoño o invierno y disminuyen cuando llegan los meses más luminosos.

Sin embargo, Mayo Clinic señala que, con menor frecuencia, algunas personas presentan el patrón inverso, es decir, los síntomas comienzan durante primavera o comienzos del verano y remiten durante otoño o invierno. En estos casos pueden aparecer insomnio, menor apetito, pérdida de peso, ansiedad, agitación e irritabilidad.

El diagnóstico no se realiza con base en sentirse más cansado o irritable durante algunos días. Para hablar de un patrón estacional deben existir episodios depresivos que se repitan de manera consistente en determinadas estaciones y una evaluación clínica que descarte otras causas.

Primavera, bipolaridad y mayor activación

El cambio de estación también puede ser relevante para algunas personas con trastorno bipolar. Ello, dado que la primavera y el verano pueden asociarse con episodios de mayor activación, incluyendo manía o hipomanía, además de ansiedad, irritabilidad y alteraciones del sueño en determinados pacientes.

Literatura especialziada sobre estacionalidad en trastornos del ánimo constata aumentos en hospitalizaciones por manía durante primavera y verano, mientras que los episodios de depresión bipolar mostraron un patrón distinto, con mayor presencia en meses de invierno.

Por eso, en personas con antecedentes de trastorno bipolar, cambios llamativos en la necesidad de dormir, aumento inusual de energía, aceleración del pensamiento, impulsividad o irritabilidad marcada deben ser evaluados.

Aumento de suicidios en primavera

Diversos estudios internacionales han descrito un aumento estacional de suicidios durante primavera y comienzos del verano. Una revisión sistemática analziada para este artículo (ver referencias) estimó incrementos de entre 11% y 23% en suicidios durante primavera y verano en los estudios analizados.

En Chile también existe evidencia histórica de una variación estacional. Un estudio que analizó las muertes por suicidio registradas entre 1995 y 1999 encontró un pico significativo durante la primavera, especialmente en las zonas central y sur del país. Los autores observaron una posible relación con las variaciones del fotoperíodo, es decir, la cantidad de horas de luz diaria.

Sin embargo, estos resultados deben interpretarse con cautela ya que el estudio chileno corresponde a datos de hace más de dos décadas y no permite afirmar que el mismo patrón tenga igual magnitud actualmente. Tampoco significa que la primavera “cause” suicidio ni que las personas estén necesariamente más deprimidas durante esta estación.

Una aclaración importante a tener en cuenta a esta altura es que depresión y conducta suicida están relacionadas, pero no son fenómenos equivalentes.

La primavera también puede generar presión emocional

La primavera suele estar asociada culturalmente a mayor actividad, vida al aire libre, encuentros sociales y una expectativa de sentirse mejor. Sin embargo, para una persona que atraviesa depresión, ansiedad, duelo o aislamiento, esa diferencia entre lo que “debería” sentir y lo que realmente experimenta puede resultar difícil.

En consecuencia, sentirse triste cuando el entorno parece más activo o alegre puede aumentar la sensación de desconexión o culpa. Esto no constituye por sí mismo una enfermedad, pero puede intensificar el malestar en personas vulnerables.



Cambios en el sueño pueden ser una primera señal

Uno de los indicadores más útiles para observar durante las transiciones estacionales es el sueño.

El aumento de las horas de luz, los cambios en horarios cotidianos y una mayor actividad nocturna pueden desplazar la hora de dormir.

El problema es que dormir menos de manera sostenida puede afectar concentración, irritabilidad y regulación emocional. Más aún, en personas con trastorno bipolar, una reducción marcada de la necesidad de dormir también puede formar parte de un episodio de activación.

Por lo tanto, mantener horarios relativamente regulares de sueño y vigilia puede ayudar a estabilizar el ritmo circadiano.

Cuándo conviene consultar

Cambios leves de ánimo durante algunos días pueden formar parte de la adaptación habitual a nuevas rutinas. No obstante, conviene pedir ayuda profesional cuando aparecen síntomas persistentes como tristeza o irritabilidad intensa, pérdida de interés en actividades habituales, dificultades importantes para dormir, cambios significativos en apetito, aislamiento, disminución del funcionamiento cotidiano o alteraciones llamativas de energía y conducta.

También debe consultarse ante un aumento inusual de actividad, impulsividad o disminución marcada de la necesidad de dormir, especialmente cuando existe antecedente personal o familiar de trastorno bipolar.

Si aparecen pensamientos de muerte, desesperanza intensa o ideas de hacerse daño, la búsqueda de ayuda debe ser inmediata.

En Chile, Salud Responde mantiene orientación de profesionales de salud las 24 horas en el teléfono 600 360 7777.

La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta, diagnóstico o tratamiento indicado por un profesional de la salud.

Fuentes utilizadas en este artículo:

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