
Una investigación desarrollada con amplia participación de instituciones chilenas encontró que algunas personas recuperadas de COVID-19 presentan alteraciones en procesos como el control cognitivo, la memoria de trabajo y la toma de decisiones, asociadas a cambios en la actividad eléctrica cerebral y en la integridad de determinadas conexiones de sustancia blanca.
El estudio, publicado en Scientific Reports, analizó a 96 personas de entre 19 y 66 años. De ellas, 70 se habían recuperado de COVID-19 confirmado por PCR y 26 habían presentado otras infecciones respiratorias, pero sin antecedentes de COVID-19. Los participantes habían tenido cuadros respiratorios leves o moderados y fueron evaluados entre dos y 27 meses después del diagnóstico, con una mediana de nueve meses.
Los investigadores combinaron electroencefalografía, resonancia magnética por difusión y modelos computacionales del comportamiento para estudiar cómo se relacionaban la estructura cerebral, la actividad neuronal y el rendimiento en distintas tareas cognitivas.
Qué encontraron los investigadores
En comparación con el grupo que había presentado otras infecciones respiratorias, las personas recuperadas de COVID-19 mostraron alteraciones en oscilaciones cerebrales de baja frecuencia y diferencias de rendimiento en tareas relacionadas con control cognitivo, memoria de trabajo y toma de decisiones.
Estas variaciones en la actividad eléctrica se asociaron, además, con una menor integridad microestructural en determinados tractos de sustancia blanca, entre ellos el cíngulo y vías tálamo-occipitales y tálamo-parietales.
La sustancia blanca está formada por fibras nerviosas que permiten la comunicación entre distintas áreas del cerebro. Una manera sencilla de entenderla es imaginarla como una red de conexiones que permite que diferentes regiones intercambien información de manera eficiente.
La Universidad del Desarrollo, una de las instituciones participantes, explicó que el trabajo permitió vincular cambios en los llamados ritmos cerebrales con alteraciones en esas redes de conectividad.
Control cognitivo, memoria y toma de decisiones
Uno de los aspectos relevantes del estudio es que las alteraciones no aparecieron de la misma manera en todos los participantes.
Los investigadores utilizaron tareas específicas para evaluar control inhibitorio y anticipación de conflictos, memoria de trabajo y aprendizaje asociado a toma de decisiones.
En una de las pruebas, por ejemplo, el grupo post-COVID mostró una menor modulación del tiempo de respuesta asociada al control cognitivo proactivo, es decir, una menor capacidad para ajustar anticipadamente el comportamiento frente a situaciones de conflicto.
El análisis conjunto de las distintas pruebas permitió identificar patrones diferentes de funcionamiento cerebral y rendimiento cognitivo.
Dos perfiles neurocognitivos distintos
Uno de los principales hallazgos fue la identificación de dos perfiles entre las personas recuperadas de COVID-19. Según explicó Pablo Billeke, director del Laboratorio de Neurociencia Social y Neuromodulación de la Universidad del Desarrollo y uno de los investigadores principales, un grupo mostró mayores dificultades vinculadas con memoria de trabajo y toma de decisiones bajo incertidumbre, mientras que otro presentó alteraciones más relacionadas con el control cognitivo proactivo.
Estas diferencias también estaban asociadas a distintas alteraciones estructurales de la sustancia blanca.
En uno de los perfiles, los cambios se relacionaron principalmente con el cíngulo y vías tálamo-occipitales. En el otro, aparecieron asociados de manera más marcada al fascículo tálamo-parietal.
La existencia de estos perfiles sugiere que las secuelas cognitivas después del COVID-19 pueden ser heterogéneas y no responder a un único mecanismo.
La gravedad inicial no explicó las diferencias
Otro resultado relevante es que estos perfiles no se explicaron únicamente por la gravedad del cuadro respiratorio inicial.
Los participantes incluidos en el estudio habían tenido cuadros leves o moderados y ninguno había requerido ventilación invasiva. Además, las diferencias neurocognitivas identificadas no pudieron explicarse simplemente por hospitalización o por la presencia de anosmia durante la etapa aguda.
Esto es importante porque sugiere que las secuelas cognitivas pueden aparecer incluso en personas que no tuvieron una enfermedad respiratoria grave.
Sin embargo, eso no significa que toda persona que haya tenido COVID-19 desarrollará alteraciones cerebrales o cognitivas.
Qué papel juega la pérdida del olfato
El mismo equipo de investigación había publicado anteriormente resultados que asociaban la anosmia durante la infección con cambios funcionales y estructurales en el cerebro.
En ese trabajo previo, las personas que habían presentado pérdida del olfato mostraron diferencias en grosor cortical y sustancia blanca.
El nuevo estudio amplía esa evidencia y plantea que las alteraciones observadas no pueden reducirse únicamente a la presencia o ausencia de anosmia. Esto refuerza la idea de que pueden existir diferentes mecanismos y perfiles neurobiológicos después de la infección.
Es importante señalar que el cerebro funciona mediante actividad eléctrica organizada en distintos ritmos u oscilaciones. Algunas de estas oscilaciones participan en procesos como atención, memoria, control de impulsos y toma de decisiones.
El estudio encontró alteraciones particularmente en frecuencias bajas, incluyendo ritmos relacionados con procesos de control cognitivo y coordinación entre regiones cerebrales distantes.
Al respecto los autores plantean que estas diferencias eléctricas podrían reflejar problemas en la comunicación entre redes cerebrales cuando existen cambios en los tractos de sustancia blanca que las conectan.
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Un posible camino hacia tratamientos más personalizados
Para los investigadores, identificar perfiles neurocognitivos diferentes puede tener una aplicación futura relevante. En este sentido, el objetivo no es solo describir que existen secuelas, sino encontrar marcadores que permitan distinguir qué tipo de alteración presenta cada persona y, eventualmente, orientar intervenciones específicas.
Billeke explicó que esta línea de investigación busca desarrollar marcadores cerebrales que puedan servir para diseñar terapias de entrenamiento cognitivo o estrategias de estimulación cerebral dirigidas a los mecanismos afectados.
Estas aplicaciones, sin embargo, todavía corresponden a un campo de investigación y no representan tratamientos clínicos estándar para personas con síntomas post-COVID.
Cabe señalar que no obstante la importancia dele studio, los resultados deben interpretarse con cautela. Ello, porque la muestra fue relativamente pequeña, con 70 personas recuperadas de COVID-19 y 26 controles con otras infecciones respiratorias, y no permite representar a toda la población que ha tenido SARS-CoV-2.
Además, se trata de un estudio observacional que identifica asociaciones entre estructura cerebral, actividad eléctrica y rendimiento cognitivo. Por lo tanto, no demuestra que la infección haya causado directamente todas las alteraciones observadas.
Tampoco todos los participantes necesariamente cumplían criterios clínicos de condición post-COVID o “long COVID”, por lo que los hallazgos no deben extrapolarse automáticamente a ese diagnóstico.
Por otro lado, el estudio no implica que toda persona que haya tenido COVID-19 deba realizarse una resonancia magnética o un electroencefalograma. De hecho, la mayoría de las personas se recupera sin requerir estudios neurológicos especializados.
Sin embargo, cuando persisten dificultades significativas de memoria, concentración, atención, planificación o toma de decisiones y estas interfieren con la vida cotidiana, puede ser recomendable consultar a un profesional de salud.
La evaluación clínica permite determinar si esos síntomas pueden estar relacionados con secuelas post-infecciosas o con otras causas, como alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, medicamentos, enfermedades metabólicas u otros problemas neurológicos.
Más allá del COVID-19
Los autores plantean que la metodología utilizada podría ser útil también para estudiar otras condiciones post-infecciosas o neuroinflamatorias.
Al combinar neuroimagen, actividad eléctrica cerebral y modelos computacionales del comportamiento, el trabajo busca comprender no solo dónde existe una alteración, sino también cómo esa modificación afecta procesos cognitivos específicos.
Ese enfoque podría contribuir en el futuro a identificar grupos de pacientes con mecanismos distintos y evitar tratar las secuelas cognitivas como una única condición homogénea.
La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta, diagnóstico o tratamiento indicado por un profesional de la salud.
Fuentes utilizadas en este artículo:
- Figueroa-Vargas A., Kausel L., Stecher X. et al. Coupling between neural oscillations and white matter integrity reveals cognitive computational profiles following COVID-19. Scientific Reports.
- Universidad del Desarrollo. Información institucional sobre los resultados de la investigación y sus implicancias. UDD








