
Las alergias alimentarias en niños son una preocupación creciente para muchas familias. Éstas pueden aparecer desde los primeros años de vida y causar desde ronchas, hinchazón o molestias digestivas hasta reacciones graves como anafilaxia. Por ello, reconocer factores de riesgo y consultar oportunamente puede marcar una diferencia importante en la prevención, el diagnóstico y el manejo seguro.
Un nuevo estudio publicado en JAMA Pediatrics revisó 190 investigaciones realizadas en 40 países, con datos de más de 2,8 millones de participantes, para identificar qué factores se asocian con mayor riesgo de desarrollar alergia alimentaria en lactantes y niños pequeños. La investigación estimó que la incidencia promedio de alergia alimentaria, confirmada mediante prueba de provocación oral, sería cercana al 4,7%, aunque con diferencias entre regiones.
No existe una sola causa
El principal aporte del estudio es que muestra un panorama multifactorial, es decir, la alergia alimentaria infantil no suele explicarse por una sola causa, sino por la combinación de condiciones alérgicas previas, factores de la piel, antecedentes familiares, exposición a antibióticos, forma de nacimiento y momento de introducción de ciertos alimentos.
Entre los factores con evidencia más sólida se encuentran la dermatitis atópica durante el primer año de vida, la rinitis alérgica, las sibilancias, la pérdida aumentada de agua a través de la piel, algunas variantes genéticas asociadas a la barrera cutánea y la historia familiar de alergias. El estudio también identificó una asociación con la introducción tardía de alimentos sólidos o potencialmente alergénicos, uso de antibióticos en etapas tempranas y nacimiento por cesárea, aunque no todos estos factores tienen el mismo peso ni necesariamente implican causalidad directa.
Un punto importante es que un factor de riesgo no significa que un niño desarrollará alergia. En este sentido, tampoco se puede culpar a madres, padres o cuidadores, más bien, ayuda a identificar a quienes podrían requerir más orientación pediátrica.
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La piel también importa
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio publicado por JAMA Pediatrics es la relación entre dermatitis atópica y alergia alimentaria. La dermatitis atópica, también conocida como eczema, puede afectar la barrera de la piel, facilitando una sensibilización temprana a ciertos alérgenos. Por eso, cuando un lactante presenta eczema persistente, intenso o de inicio temprano, conviene comentarlo con el pediatra.
En la práctica, cuidar la piel implica mantener una barrera cutánea saludable, tratar lesiones activas y evitar irritantes puede formar parte de una estrategia más amplia de cuidado infantil, especialmente en niños con antecedentes familiares de alergias.
Introducción alimentaria con acompañamiento
Durante años, muchas familias recibieron mensajes contradictorios sobre cuándo introducir alimentos como huevo, maní, pescado u otros potencialmente alergénicos. La evidencia actual ha ido desplazando la idea de retrasarlos de manera generalizada, ya que el estudio de JAMA Pediatrics encontró que la introducción tardía de algunos alimentos, como maní después de los 12 meses, se asoció con mayor riesgo de alergia alimentaria.
Esto no significa que todos los niños deban recibir alimentos alergénicos sin evaluación. De hecho, en lactantes con eczema moderado o severo, antecedentes de reacción previa o historia familiar importante, la introducción debe ser conversada con el equipo de salud. En niños sin factores de alto riesgo, lo razonable es seguir las indicaciones pediátricas de alimentación complementaria, evitando restricciones innecesarias.
Qué se sabe en Chile
En Chile también existe evidencia clínica sobre alergias alimentarias mediadas por IgE. Un estudio publicado en la Revista Chilena de Pediatría, hoy Andes Pediátrica, analizó 282 pacientes y encontró que el 89% inicio su alergia antes de los 18 años, la mayoría durante el primer año de vida. Las manifestaciones más frecuentes fueron urticaria, angioedema, disnea y vómitos, mientras que un 40% tenía historia compatible con anafilaxia. Entre los alimentos más frecuentes se describieron huevo, leche de vaca, maní, mariscos, nueces, tomate, trigo, palta, pescados y legumbres.
Esto refuerza la necesidad de que jardines infantiles, colegios y familias sepan reconocer síntomas de alarma. En este sentido, la Sociedad Chilena de Pediatría advierte que, en los casos más graves, las alergias alimentarias pueden provocar anafilaxia, una reacción repentina y severa que requiere atención inmediata.
Cuándo consultar
Se debe consultar si un niño presenta ronchas, hinchazón de labios o párpados, vómitos repetidos, tos, dificultad respiratoria, decaimiento o reacción rápida después de comer un alimento. Si hay compromiso respiratorio, sensación de desmayo, palidez intensa o varios síntomas al mismo tiempo, se trata de una urgencia.
La recomendación final es no eliminar alimentos por cuenta propia sin diagnóstico, no minimizar reacciones repetidas y no introducir alimentos de riesgo en niños con antecedentes complejos sin orientación profesional.
Este artículo se ha basado en las siguientes fuentes de información:
- JAMA Pediatrics. Risk Factors for the Development of Food Allergy in Infants and Children.
- Rev. Andes Pediátrica. Caracterización clínica de pacientes chilenos con alergia alimentaria mediada por IgE.
- Sociedad Chilena de Pediatría. Cómo saber si un niño tiene alergia alimentaria.
La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.







