COLUMNA DE OPINIÓN

El debate sobre la reforma al Estatuto Administrativo abre una discusión necesaria para la salud pública chilena. Modernizar las reglas que regulan el empleo público, fortalecer el mérito, mejorar la evaluación del desempeño y profesionalizar la carrera funcionaria son cambios indispensables. Sin embargo, si queremos transformar realmente nuestros hospitales públicos, debemos ir un paso más allá.
El problema no es solamente el Estatuto Administrativo. Es también el modelo bajo el cual gobernamos y gestionamos nuestros hospitales.
Un hospital no es una repartición administrativa tradicional del Estado. Es una organización altamente compleja, intensiva en personas, tecnología y recursos, que funciona las 24 horas, los 365 días del año, y que debe tomar permanentemente decisiones clínicas, operacionales y financieras. Pretender gestionarlo con estructuras excesivamente centralizadas y rígidas termina limitando la capacidad de sus equipos para responder oportunamente a las necesidades de los pacientes.
Por ello, junto con reformar el Estatuto Administrativo, Chile debiera avanzar hacia una modernización integral de la gobernanza hospitalaria.
Un primer paso es fortalecer la conducción de los hospitales. La Alta Dirección Pública ha significado un avance en la profesionalización de sus directivos, pero seleccionar buenos ejecutivos no es suficiente. También debemos entregarles estabilidad, atribuciones efectivas y responsabilidad por resultados. Es difícil exigir a un director hospitalario el cumplimiento de metas cuando una parte relevante de las decisiones sobre personas, presupuesto, inversiones, compras y organización depende de múltiples instancias externas.
Es difícil exigir a un director hospitalario el cumplimiento de metas cuando una parte relevante de las decisiones sobre personas, presupuesto, inversiones, compras y organización depende de múltiples instancias externas.
Necesitamos avanzar hacia una mayor autonomía hospitalaria. Pero autonomía no significa ausencia de control. Por el contrario, debe estar acompañada de una exigente rendición de cuentas. Los hospitales podrían disponer de mayores facultades para gestionar sus recursos humanos, presupuesto, capacidad instalada y procesos asistenciales, comprometiendo a cambio resultados concretos y medibles en acceso, listas de espera, productividad, calidad, seguridad, experiencia de los pacientes y sostenibilidad financiera.
También debemos atrevernos a discutir la arquitectura de gobierno de nuestros hospitales. Chile podría evaluar órganos de gobierno profesionalizados, directorios o consejos hospitalarios con atribuciones claramente definidas, capaces de dar continuidad a la estrategia institucional más allá de los ciclos políticos. Su responsabilidad debería concentrarse en la estrategia, presupuesto, inversiones, calidad y seguridad asistencial, gestión de riesgos y supervisión del desempeño del equipo ejecutivo.
En ese contexto, la reforma del Estatuto Administrativo adquiere todavía mayor sentido. Necesitamos una gestión de personas basada en mérito y competencias, concursos transparentes, desarrollo profesional, evaluaciones efectivas del desempeño e incentivos vinculados a resultados. La estabilidad laboral debe ser compatible con la responsabilidad individual y colectiva respecto de los resultados que reciben los pacientes.
Necesitamos una gestión de personas basada en mérito y competencias, concursos transparentes, desarrollo profesional, evaluaciones efectivas del desempeño e incentivos vinculados a resultados.
Finalmente, una mayor autonomía exige mayor transparencia. Los ciudadanos deberían poder conocer y comparar el desempeño de sus hospitales mediante indicadores públicos y comprensibles: tiempos de espera, utilización de pabellones, productividad, calidad y seguridad, experiencia de los pacientes, ejecución presupuestaria y resultados clínicos.
El cambio conceptual es importante. No se trata solamente de modificar las condiciones administrativas bajo las cuales trabajan los funcionarios públicos. Se trata de rediseñar las condiciones bajo las cuales gobernamos y gestionamos nuestros hospitales.
La ecuación debiera ser clara: más autonomía, mejor gobernanza, gestión profesional, evaluación por resultados y mayor rendición de cuentas.
Durante años el debate sanitario chileno se ha concentrado, comprensiblemente, en la necesidad de disponer de mayores recursos. Pero Chile también ha construido una importante infraestructura hospitalaria, cuenta con profesionales altamente capacitados y destina recursos significativos a su sistema de salud. El siguiente desafío es conseguir que esas capacidades se traduzcan en mejores resultados.
Porque finalmente esta no es una discusión administrativa. Es una discusión sanitaria. Modernizar la gobernanza hospitalaria significa lograr que los recursos que el país destina a salud se conviertan efectivamente en mayor acceso, menores tiempos de espera y mejores resultados para los pacientes.
Autor
Santiago Venegas Diaz
Ingeniero civil industrial, especialista en gestión hospitalaria e infraestructura sanitaria.
Gerente General Clínica Oftalmológica Pasteur.
Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor o autora y no representan necesariamente la línea editorial de Salud al Día.
Este contenido tiene fines informativos y de reflexión, y no reemplaza la consulta, diagnóstico o tratamiento indicado por un profesional de la salud.



