Cómo afecta el agua de mar a la piel y al cabello y qué cuidados tener

Ilustración editorial que representa el cuidado de la piel y el cabello tras la exposición al agua de mar durante el verano

Durante el verano, muchas personas pasan más tiempo en la playa y en el mar, disfrutando del sol y el ambiente costero. Sin embargo, el contacto con el agua salada, pese a asociarse al alivio de algunas afecciones cutáneas, puede tener efectos no deseados si no se acompaña de cuidados adecuados.

Desde la dermatología, el impacto del agua de mar sobre la piel y el cabello se entiende como ambivalente. Ello, porque puede aportar ciertos beneficios, pero también generar resequedad e irritación, especialmente con exposiciones repetidas y prolongadas.

Qué contiene el agua de mar y cómo actúa sobre la piel

El agua de mar contiene sales minerales como sodio, magnesio, calcio y potasio, además de oligoelementos. Estos componentes pueden ejercer un leve efecto antibacteriano y antiinflamatorio, lo que explica por qué algunas personas con afecciones como acné leve o dermatitis seborreica perciben una mejoría temporal durante el verano.

Asimismo, el agua salada puede ayudar a eliminar células muertas de la superficie cutánea, generando una sensación de piel más limpia. No obstante, es importante considerar que este efecto exfoliante es superficial y no reemplaza tratamientos dermatológicos indicados.

Riesgos para la piel: resequedad e irritación

El principal efecto adverso del agua de mar es la deshidratación cutánea, ya que la sal favorece la pérdida de agua de la piel, lo que puede provocar tirantez, descamación e irritación, especialmente en personas con piel sensible, rosácea, eczema o antecedentes de dermatitis.

Además, el baño en el mar suele ir acompañado de exposición solar y viento, factores que potencian el daño de la barrera cutánea si no se adoptan medidas de protección.

Efecto del agua de mar en el cabello

En el cabello, el agua de mar tiende a resecar la fibra capilar, dejándolo más áspero, opaco y difícil de manejar. En cabellos teñidos o tratados químicamente, este efecto puede ser más notorio.

La sal presente en el agua marina elimina aceites naturales del cuero cabelludo y puede aumentar la fragilidad del cabello, favoreciendo el quiebre cuando se combina con sol intenso y calor.

Para reducir los efectos negativos del agua de mar en piel y cabello, se recomiendan algunas medidas simples:

  • Enjuagar la piel y el cabello con agua dulce después de salir del mar.
  • Aplicar hidratantes corporales después del baño, especialmente en piel seca o sensible.
  • Usar protector solar adecuado y re-aplicarlo tras el contacto con el agua.
  • Evitar permanecer con el traje de baño mojado por períodos prolongados.
  • En el caso del cabello, lavar suavemente y utilizar productos hidratantes sin exceso.

Estas medidas ayudan a mantener la función protectora de la piel y la salud capilar durante el verano.

Rutina reparadora de verano

Aunque los minerales de agua de mar son aliados potentes, el residuo salino prolongado puede actuar como un agente osmótico que extrae la humedad de las células. Por ello, se recomienda aplicar aceites naturales, como el de argán o coco, antes del baño para crear una barrera protectora en la fibra capilar que minimice la porosidad.

Asimismo, la acción exfoliante del salitre no solo remueve impurezas, sino que estimula la microcirculación periférica, mejorando la oxigenación de los tejidos y aportando una luminosidad natural al rostro. Para maximizar este efecto revitalizante sin causar irritación, es ideal emplear cremas ricas en ácido hialurónico luego de una ducha de agua dulce. No hay que olvidar que el agua marina posee propiedades antisépticas que ayudan a equilibrar cueros cabelludos grasos. En definitiva, el secreto reside en el equilibrio: aprovechar las bondades del océano mientras se garantiza una hidratación profunda y constante.


Este artículo se elaboró a partir de recomendaciones generales y evidencia divulgativa de la American Academy of Dermatology, Mayo Clinic y de la Organización Mundial de la Salud.

La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.


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