Uso de testosterona sin diagnóstico genera mayor riesgo cardiovascular a largo plazo

Hombre mayor durante evaluación médica antes de considerar terapia con testosterona
Un estudio publicado en eBioMedicine encontró una asociación entre el uso de testosterona sin evidencia de hipogonadismo y un mayor riesgo cardiovascular a largo plazo.

El uso de terapia con testosterona en hombres sin evidencia de hipogonadismo podría estar asociado con un mayor riesgo cardiovascular a largo plazo, según un estudio publicado en eBioMedicine, revista científica del grupo The Lancet.

La investigación analizó registros de casi 359 mil hombres de entre 30 y 75 años que habían iniciado terapia con testosterona. Aproximadamente uno de cada tres no presentaba evidencia registrada de hipogonadismo al momento de comenzar el tratamiento.

Tras comparar grupos con características similares y realizar un seguimiento de hasta diez años, los investigadores observaron que los hombres que habían iniciado testosterona sin evidencia de hipogonadismo presentaron una mayor frecuencia de eventos cardiovasculares graves y un mayor riesgo de muerte por cualquier causa.

Los autores advierten que la seguridad cardiovascular de la terapia con testosterona parece depender del contexto clínico en que se utiliza, reforzando la importancia de que su indicación esté sustentada en una evaluación médica y diagnóstica adecuada.

Mayor riesgo de eventos cardiovasculares

El principal desenlace analizado fueron los llamados eventos cardiovasculares adversos mayores, conocidos como MACE.

Durante el seguimiento a los pacientes estudiados, estos eventos ocurrieron en el 16,53% de quienes habían iniciado testosterona sin evidencia de hipogonadismo, frente al 11,83% de quienes sí tenían evidencia de esta condición.

En términos estadísticos, el grupo sin hipogonadismo presentó un riesgo relativo aproximadamente 51% mayor de experimentar un evento cardiovascular adverso mayor.

También se observaron asociaciones con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular isquémico, paro cardíaco e insuficiencia cardíaca.

Asociación con mayor mortalidad

Otro de los resultados relevantes fue la mortalidad por cualquier causa.En esta línea, los hombres que iniciaron terapia con testosterona sin evidencia de hipogonadismo presentaron un riesgo estadístico mayor durante el seguimiento que aquellos que habían comenzado el tratamiento con evidencia de esta condición.

El hazard ratio informado por los investigadores fue de 1,90. Esto significa que, dentro de las condiciones del estudio y después de los ajustes estadísticos realizados, la tasa instantánea del evento fue aproximadamente 90% mayor en el grupo tratado sin evidencia de hipogonadismo.

Sin embargo, un hazard ratio no significa que “la testosterona aumente la mortalidad en 90%” ni permite atribuir causalidad directa al tratamiento.

Qué significa usar testosterona sin hipogonadismo

El hipogonadismo masculino ocurre cuando el organismo produce cantidades insuficientes de testosterona debido a alteraciones que pueden involucrar los testículos, la hipófisis o el hipotálamo, entre otras causas.

Su diagnóstico no depende exclusivamente de encontrar una testosterona baja en un examen aislado. En general, la evaluación requiere considerar síntomas compatibles, mediciones hormonales realizadas adecuadamente y las posibles causas subyacentes.

La terapia de reemplazo con testosterona tiene un papel establecido en hombres con déficit androgénico asociado a enfermedades del eje hormonal y puede mejorar síntomas relacionados con esa deficiencia.

Sin embargo, caso distinto es cuando la hormona se utiliza en hombres sin una indicación diagnóstica clara, por ejemplo, buscando mejorar energía, composición corporal, rendimiento físico, función sexual o como estrategia asociada al llamado “antiaging”. Es precisamente ese escenario el que aborda el nuevo estudio.



Envejecer y tener menos testosterona no son necesariamente lo mismo que padecer hipogonadismo

Las concentraciones de testosterona tienden a disminuir con la edad, aunque en este proceso también influyen factores como obesidad, enfermedades metabólicas y otras condiciones de salud.

Por ello, encontrar niveles más bajos en un hombre mayor no significa automáticamente que necesite tratamiento hormonal.

Una revisión reciente sobre terapia de testosterona en hombres mayores señala que existe evidencia favorable para algunos resultados en pacientes seleccionados, como función sexual, anemia y densidad mineral ósea. Sin embargo, su utilización fuera de un déficit androgénico claramente establecido requiere una justificación clínica rigurosa.

El nuevo estudio no contradice necesariamente investigaciones anteriores

Ensayos clínicos previos han entregado información tranquilizadora sobre la seguridad cardiovascular de la testosterona cuando se utiliza en hombres con hipogonadismo correctamente diagnosticado.

Por ello, los autores del nuevo trabajo plantean que la seguridad de la testosterona podría depender precisamente de quién la recibe y bajo qué condiciones clínicas.

El hallazgo, por tanto, apunta principalmente al uso de testosterona sin evidencia de hipogonadismo y no permite extender sus resultados a todos los pacientes tratados con esta hormona.

Qué deberían considerar los hombres mayores

La testosterona no debería utilizarse como suplemento de bienestar ni iniciarse únicamente porque una persona siente menos energía, menor deseo sexual o pérdida de fuerza.

Esos síntomas pueden estar relacionados con múltiples causas, desde alteraciones hormonales hasta enfermedades metabólicas, trastornos del sueño, medicamentos, depresión o cambios propios del envejecimiento.

Cuando existe sospecha de déficit de testosterona, la evaluación médica permite determinar si realmente existe hipogonadismo, identificar posibles causas y valorar los beneficios y riesgos del tratamiento.

La información publicada es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta, diagnóstico o tratamiento indicado por un profesional de la salud. La terapia con testosterona no debe iniciarse, suspenderse ni modificarse sin evaluación y seguimiento médico.

Fuentes utilizadas en este artículo:

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